En otro tiempo el mundo parecía ser eterno
Los árboles a veces formulaban enigmas
agitaban sus ramas con extrañas promesas
y había fé.
Una fé inmensa en que todo sería logrado
entendido y gozado.
En que todo, las sonrisas, las músicas,
Se volverían claras como palabras.
Todo parecía un comienzo.
El conejo que se perdió en las altas hierbas
fugaz, hermoso
la colegiala que desapareció en la esquina,
Tímida, hermosa,
el olor del monte en una madrugada,
el perro, el niño que fui,
no volveré a encontrarlos.
Estanislao Zuleta, "Vejez"